EVENTOS

INTERFERENCIA / Natacha Voliakovsky

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Evidenciar lo opuesto a un momento fugaz.

de Natacha Voliakovsky

SALA F / ElCulturalSanMartin
Sarmiento 1551, Buenos Aires

Inauguración: viernes 9 de octubre 18hs

ACTIVACIONES /
viernes 16 de octubre de 18 a 20hs
viernes 23 de octubre de 18 a 20hs
viernes 30 de octubre de 18 a 20hs

Una extraña corona
Por M.S. Dansey

Como Cocó Chanel, Natacha Voliakovsky odiaba sus rodillas. Por eso acudió a la cirugía estética, a una lipoescultura –neologismo que hibrida medicina y arte, que pretende quitarle a la práctica su costado siniestro–. Si a los doce años le pusieron ortodoncias para superar el complejo de los dientes chuecos, ahora ella se somete a un procedimiento que le quita la grasa que le sobra en las piernas para rellenarse el rostro. Sí, monstruoso.
Ella es una mujer moderna que viene construyéndose a sí misma desde que tiene consciencia. Ir al taller de pintura a los 13 años tuvo que ver con eso. Eligió el arte intuitivamente por cierta afinidad con lo sutil, con lo bello. En aquel entonces sus compañeros del colegio le decían gorda. Para su primera muestra, a los 15, pintó cuerpos mutilados.
Sentirse linda, dice, es una experiencia inestable, volátil. Sin embargo arriesga una definición: sentirse linda es sentirse capaz de cualquier cosa. La belleza tiene que ver con el coraje. Para ella la performance es preparar el cuerpo para atravesar lo incierto. Será por eso que a diferencia de las feministas de los 60s y 70s, que hicieron de la performance una herramienta contra la alienación, que buscaron desmarcarse del capitalismo, Voliakovsky asume las reglas. Las reglas del libre juego del mercado, que es el juego de la seducción y el deseo. El fenómeno de la moda, el canon de belleza, es sobre todo una pulsión social tan violenta como misteriosa.
El cuerpo, claro, ya no es el cuerpo “auténtico”, el cuerpo “obsoleto” como dice Sterlac. Es el cuerpo modelado a fuerza de trasplantes, prótesis y manipulación genética. Y todavía más, es la imagen modificada digitalmente. Es el humano post-humano que con la frialdad del publicitario, el cirujano, el biotecnólogo, sigue a su deseo en este mundo nuevo.
Voliakovsky no es crítica. No quiere demostrar nada, en todo caso muestra. Las cosas como son. El foco está en las heridas, en la carne inflamada, medicada; en la velocidad con la que los tejidos se recuperan. La obra transcurre en esa transición. Cuando el mercado de la estética nos muestra el antes y el después, ella nos muestra el mientras tanto. Pero insisto, no hay valoración, no hay compasión, eso es lo disruptivo. Porque si Costantino hace de su liposucción una broma de humor negro, Voliakovsky muestra la suya con solemnidad brutal. Si Orlan hace de sus operaciones una opereta, Voliakovsky expone los resultados con toda crudeza. Su arte es casi antropológico. No niega, confirma. No ironiza, documenta. Yendo un poco mas allá del plano físico, donde evidentemente está el foco, Voliakovsky carga con la muerte –a decir de Laurie Anderson– como quien lleva una extraña corona.

Cruda, contracorriente, ambiciosa, humorística. Pero de las que usan el humor para sacudir zonas de confort. Todos estos elementos podrían ser -y serán- aplicados a ésta obra que Natasha Voliakovsky presenta aquí, en el Cultural San Martín. O a su cuerpo de obra. O a ella misma como artista.
Obra. Cuerpo. Artista.
Esta ecuación atraviesa toda la producción de Voliakovsky , quien aún operando sobre el terreno de la belleza nip tuck, consigue ser frescamente polémica y políticamente incorrecta.

Mariano Soto, curador general El Cultural San Martín

-Director del ElCulturalSanMartin – Mariano Soto
-Texto – Marcelo Dansey
-Registro Fílmico – Maga Flaks
-Registro Fotográfico – Thais Zumblick

+i:
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