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LA MANO QUE CANTA / Entrevista a Bob Gill por Ronald Shakespear

TRIMARCHIDG 2014
Entrevista a Bob Gill: la mano que canta.
POR RONALD SHAKESPEAR SEGD – ESPECIAL PARA ARQ – 15/10/14

En una charla con el autor de la nota, amigo del diseñador estadounidense desde hace casi 50 años, Gill repasa cuáles son los problemas del diseño, cómo es su método de trabajo y qué les diría a los estudiantes de la disciplina.

Invitado por el festival Trimarchi y el British Council, Bob Gill estuvo en Mar del Plata, donde dio una conferencia el viernes 3 y un workshop el sábado 4 de octubre. Ha hecho cine, ha escrito y dibujado libros para niños, sigue enseñado y además toca el piano. Un renacentista de este tiempo. Nació en Brooklyn, New York en 1931 y estudió en el Philadelphia Museum School of Art y en el Pennsylvania Academy of Fine Art. Sus libros son famosos en todo el mundo y han vendido miles de copias. Seguramente el más admirado es Olvida todos las reglas que has aprendido sobre el diseño gráfico, incluyendo las de este libro. Fundó su estudio en Londres con Alan Fletcher y Colin Forbes y luego inició el legendario Pentagram. Ahora vive y trabaja en New York.

– Acabas de brindar una hermosa conferencia en Trimarchi que hizo delirar a 5.000 personas. ¿Cual el el principal problema a la hora de diseñar?
– Imaginate un matemático que sabe que la solución es 128 antes de saber cuál es el problema. Así es como percibo que piensa la mayoría de los diseñadores gráficos. Adoran elegir colores, jugar con la tipografía y las imágenes, dibujar con algún estilo y aplicar los últimos efectos a su próximo trabajo, sin importar si son apropiados o no. Heredan estos trucos de una cultura que les lava el cerebro y les da preconceptos sobre la «tendencia del momento», sobre lo «último». La mayoría pasa el tiempo tratando de emular lo que el trabajo de vanguardia debe parecer.

– ¿Y tú como empiezas?
– Pero pensemos. Si quisiéramos empezar cada día haciendo trabajos originales, aspirando a tener experiecias creativas excitantes, ¿cómo confiar en lo que nos dice la cultura cuando nos dice a todos lo mismo?


– ¿Trabajas por intuición o por método?
– La gran mayoría de los diseñadores e ilustradores creen saber lo que está siempre «bien» y lo que está siempre «mal». Espero que mis presentaciones dejen claro que es mucho más interesante y reconfortante no saber que está «bien» o «mal», antes de saber lo que debemos comunicar. Cuando me encomiendan un trabajo, sin importar cuánto conozca sobre el tema, me resisto a pensar que sé lo suficiente como para empezar a diseñar. Investigo el tema como si no supiera nada sobre él. Trato de experimentarlo por primera vez. No me siento frente a mi computadora ni miro los libros de diseño en mi biblioteca. Si se trata de un logo para una tintorería, voy a la tintorería y paso un rato ahí. Escucho. Observo. Pregunto. No estoy seguro de cuál es la mejor manera de pasar tiempo ahí, pero sé que debo quedarme hasta tener algo de decir que sea genuinamente interesante sobre una tintorería. Llamo a ésto «la declaracion». No pienso en cómo debería ser el logo. Luego escucho la declaración. Se diseñará a sí misma. Bueno, casi.

– Tus libros han influenciado miles de diseñadores. ¿Cual te ha dado mayor satisfacción?
– Mi último libro «Bob Gill, so far» sobre cómo funciona mi proceso. Graphic design: Visual Comparisons, (1963), vendió más de 100,000 copias.

– ¿Cómo fueron tus años en Londres con Colin Forbes y Alan Fletcher?
– Llegué a Londres con muy poco dinero que me dió mi mamá y el teléfono de Alan Fletcher un día feriado de 1960. Lo llamé y él estaba a punto de tomar sus vacaciones.Me dijo «te espero en la puerta y venís con nosotros». Alan fué muy generoso conmigo.Siempre lo quise como a un hermano. Colin y Alan me aceptaron de inmediato. Creo que uno de los trabajos que recuerdo con más cariño es el bus de las zapatillas Slipers, donde los pasajeros participan desde las ventanillas en el poster lateral del bus.Luego de fundar Pentagram,volví a New York.

– ¿Qué les dirías a los estudiantes de diseño?
– Nunca fue una obligación enseñar, pero si voy a ver a un doctor, quiero que me atienda porque ama la medicina. Desde hace más de 40 años espero que alguien me enseñe algo. Una vez me frustré tanto con la falta de dedicación y atención de los estudiantes que les pedí que trabajaran en un proyecto, cualquiera, que les llevara ocho horas. Ni más ni menos. Y que me trajeran pruebas de trabajaron ocho horas. Los resultados fueron extraordinarios. Nunca le habían dedicado tanto tiempo a nada. Que es terrible tirar a la basura una computadora. Aunque las computadoras no pueden dibujan solas. No hay malos clientes. Hay malos diseñadores. ¿Qué puede haber en mi cabeza? Solo viejas ideas. Si quiero hacer algo nuevo, debo salir de mi cabeza. Es muy triste imitar lo existente.

– ¿Se puede enseñar el diseño?
– Seguramente si. Lo más dificil es vivir de él.

– ¿Te importan los elogios?
– Atesoro dos de ellos.Uno de Paul Rand,que me dijo que yo era su diseñador preferido.El otro de Robert Brownjohn, que me mencionaba como el segundo mejor diseñador de Inglaterra.

– A tus ochenta y tres, has pensado en retirarte?
– ¡Jamás !

Nota del autor:
Nos encontramos por primera vez en Londres en el legendario Fletcher, Forbes & Gill, en 1964. Luego nos cruzamos en Calgary, Canadá con Jorge Frascara, donde me dijo ‘Lo único importante es que la audiencia sonría, lo demás que digas no importa nada». Me regaló un pequeño libro llamado Visual Comparisons, que incluía un collage de mi autoría hecho con la tipografía de madera de la imprenta La Familia Italiana, hoy desaparecida.

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